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Comienzos de la industria vitivinícola Chilena
En Chile, la actividad vitivinícola comenzó con la llegada de los conquistadores españoles. A mediados del siglo XVI, los misioneros introdujeron las parras necesarias para producir el vino de misa. Los primeros viñedos registrados en la historia de Chile fueron aquellos que plantara Francisco de Aguirre en sus tierras de Copiapó, en el norte del país. Diego García de Cáceres plantó la primera viña de Santiago en 1554. Las uvas de la zona de Santiago se usaban en la producción del vino de misa, según consta en archivos que datan de 1555. El cultivo de viñedos y la producción de vino avanzó hacia el sur durante los siguientes cien años, llegando más allá del Río Bio Bío.

Las exportaciones de vino chileno aumentaron rápidamente entre 1784 y 1789, compitiendo en el mercado internacional con los vinos europeos. En 1831 ya había un total de más de 19 millones de parras plantadas en Chile entre Concepción y Cauquenes.

Los comienzos de la industria vitivinícola moderna en Chile
En 1830 el francés Claude Gay convenció al gobierno chileno de la necesidad de crear una estación agrícola estatal que se llamaría Quinta Normal de Agricultura,. La mayoría de las variedades de uvas cultivadas en Italia y Francia fueron importadas a la Quinta con fines de producción de vino y de consumo. En 1850 la Quinta Normal tenía más de 40,000 parras y 70 variedades distintas de uva.

Con la llegada de variedades de Burdeos, Chile entra en la era moderna de la producción de vino
En 1851 don Silvestre Ochagavía Echazarreta trajo desde Francia las variedades más clásicas y conocidas de la época, para plantarlas en sus tierras en Talagante.. Ochagavía introdujo variedades como Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Sauvignon, Semillon y Riesling. Estas serían la base del comienzo de la vitivinicultura moderna en Chile. Las parras se adaptaron fácilmente al clima chileno y se cree que las actuales parras son los únicos clones de uvas anteriores a la epidemia de filoxera que existe en el mundo.

Compromiso con la calidad
Los ricos y aristocráticos viñateros chilenos reconocieron que la calidad de los vinos producidos dependía en gran parte de un óptimo manejo de viñas y vinos.

Existe una clara asociación entre la importación de técnicos europeos a las Américas, el intercambio de rizomas entre Europa y América y la epidemia de Filoxera que devastó las viñas europeas a finales del siglo XIX. Chile es el único país productor de vino a gran escala que jamás ha tenido un brote de filoxera.

En la década del 1880, los vinos chilenos se comercializaban y exportaban con éxito en los mercados europeos. La calidad de los vinos chilenos fue reconocida en ferias y concursos, culminando en 1889, cuando obtuvieron el "Grand Prix" de París en una muestra especializada. En 1938, la superficie de viñedos en Chile sobrepasaba las 100.000 hectáreas, a medida que la exportación de vino lograba sus niveles máximos, equivalentes a los del período de la preguerra.

La Política y la Segunda Guerra Mundial marcan el comienzo de la regresión de la pujante industria Chilena del vino
Durante la década del 1940, con la Segunda Guerra Mundial, la industria vitivinícola chilena entró en un período de receso que duró hasta la década de 1980. En este período, la industria vitivinícola se vio afectada dramáticamente por impuestos que gravaban la industria vitivinícola y por políticas sociales implementadas para luchar contra el consumo de alcohol. En 1980 había en el país un total de 106.000 hectáreas de viñas en producción, superficie similar a la de 1938, en circunstancias que la población del país se había casi duplicado en el mismo período.

En las décadas de 1970 y 1980 hubo una baja en la demanda doméstica de vino chileno, causando una dramática caída en los precios de la uva. Aproximadamente la mitad de los viñedos chilenos fueron arrancados. El clima político de la época fue otro factor que debilitó la industria chilena del vino.

La recuperación de la industria vitivinícola Chilena moderna
Luego del retorno a la democracia en 1990, la industria vinícola chilena ha tenido una recuperación lenta pero sostenida. Entre 1990 y 1993 se plantó un total de 10.000 hectáreas con variedades de seleccionadas cepas de uvas viníferas. Se han hecho grandes inversiones en nuevas tecnologías de producción de vino, mientras que el enfoque ha cambiado y la cantidad para el mercado doméstico ha sido reemplazada por calidad para los mercados de exportación.

La actualidad
Chile se ha destacado a nivel mundial como un excelente productor de vinos y bebidas alcohólicas. Sabor, color y siglos de experiencia, son algunas de las características que hacen del vino chileno uno de los más apreciados del mundo. Los valles de Chile poseen la combinación ideal de tierra, luz solar, temperatura y humedad, que permiten cultivar uvas para producir vinos de calidad mundial, que lideran la oferta en este sector, tanto en volumen producido, ventas y reconocimiento internacional.

Los vinos chilenos se encuentran entre los más orgánicos y ecológicos del mundo. Debido a la seca temporada de verano, los viñedos chilenos raramente adquieren plagas. Las barreras geográficas naturales han protegido al país de la llegada de la filoxera y otras enfermedades. La ausencia de estas amenazas, permite que los productores chilenos dejen crecer sus viñedos en las condiciones más naturales posibles.
Chile dispone de extensas plantaciones de vides de variedades finas, provenientes de cepas introducidas al país durante el siglo XIX con plantas madres pre-filoxéricas, lo que constituye un patrimonio nacional y de la humanidad.

Los valles vitivinícolas de Chile son: Elqui, Limarí, Choapa, Aconcagua, Casablanca, San Antonio, Maipo, Cachapoal, Colchagua, Curicó, Maule, Itata, Bío-Bío y Malleco. Es en estos valles donde se desarrollan las Durante el 2007, las exportaciones totales de vino chileno superaron los US$1.256 millones, con destinos en los cinco continentes, encabezados por Reino Unido, Estados Unidos y Canadá.

Las inversiones extranjeras han influido notoriamente en el desarrollo de la industria vitivinícola chilena, entre los que se destacan Bodegas Torres y Chateau Lafitte. Hoy en día, Rothschild, Pernod Ricard, Kendall-Jackson, Franciscan State, Bruno Prat entre otros, con cuantiosos montos en inversión. Todos ellos atraídos por las ideales condiciones geo-climáticas, la promesa de frutas de primerísima calidad y cosechas sanas; y la creciente demanda por vinos chilenos a través del mundo.